martes 25 de octubre de 2011
jueves 20 de octubre de 2011
Donde conseguir tu camiseta y bonos para el Festival

En Montevideo:
• Sindicatos
Centro/Cordón/Ciudad Vieja:
• Radio CX 30
• Serpaj (lunes, miércoles y viernes de 14 hs a 18 hs) Joaquín 1642 Requena
• Crysol
• Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales
• Haedo casi Republica. Salón
La Blanqueada
• El Tartamudo Bar – Avda. 8 de Octubre 2545 esq. Berro
Sayago:
• Supermercado “Los Amigos del Sabor” (Coronel Raíz y Pantanoso)
• Eduardo: 095060055 (después de las 15)
Canelones:
• Librería Frida - Las Piedras
• Librería El Altillo - Lagomar 26826434 / 26828952
Paysandú:
• Aute: Sarandi 930
• AEBU: Zorrilla 826
• SOEN: Batlle Berres 1413
• 099597356 (Mela Gadea)
Festival.familiares@gmail.com
jueves 13 de octubre de 2011
Luis Pérez Aguirre: Vigencia de su pensamiento, perdón y derechos humanos
Palabras de: Emilia M Carlevaro, Mesa Redonda (IDM, Salón Dorado, miércoles 5 de octubre 2011, 20h.)
En nombre de Familiares quiero reconocer y celebrar que la editorial Trilce y la Red de amigos de LPA hagan el esfuerzo de juntarnos para reflexionar sobre temas tan actuales. Familiares, organización con la que contribuyo desde hace tiempo me honró delegándome su presencia en esta Mesa y yo quiero eximir a Familiares de todos los errores que pueda cometer en su transcurso.
Hechas las aclaraciones, voy a hacer las acotaciones. El pensamiento de Perico en materia de DDHH, es vasto y profundo. Está fundado en un conocimiento hondo de la teoría y en una práctica de compromiso cotidiano por su construcción. Un análisis exhaustivo exigiría herramientas jurídicas, filosóficas, sociológicas, teológicas que no están en mi caja de instrumentos. Sí está en mi la comprensión de los derechos humanos como “un camino abierto, a recorrer viviéndolo, en la que personas y pueblos van planteando – producto de sus realidades, tanto de existencia como de conciencia- nuevas metas” . Como una parte esencial de nuestra cultura. Entonces si estamos acá es porque Perico es el Perico de sus múltiples escritos y conferencias nacionales e internacionales y es también el Perico de La Huella y su permanente deambular alentando, ayudando a los que sufren, compartiendo sus dolores y luchas, sus derrotas y sus esperanzas, sus claridades y sus oscuridades. Es el Perico de la teoría y el de la praxis.
Esta convicción de Perico en la indivisibilidad de los derechos humanos y en la necesidad de vivirlos como sociedad, del compromiso y la solidaridad tiene una vigencia extraordinaria en esta sociedad nuestra y en las sociedades latinoamericanas que exigen una transformación que las centre en las personas, en su humanización.
Estamos atravesados por serios problemas en este campo y ojalá pudiéramos reunirnos para reflexionar sobre múltiples cuestiones de este Uruguay fragmentado. Pero los organizadores, correctamente, saben que eso es inabarcable en esta instancia y acotaron el tema al perdón y nos orientaron con un texto disparador. Además yo hoy estoy acá por un organismo que, en su humildad y heterogeneidad, se ocupa específicamente –sin olvidar lo demás- de la desaparición forzada de personas y razonablemente se espera que me refiera a ese punto, salvando antes el reconocimiento de la unidad (no el antagonismo) de los distintos aspectos de los derechos humanos.
Subrayo esto porque últimamente se han oído voces “antagonizadoras”, que han planteado que la necesidad de atender las urgencias de los más desposeídos de alguna manera nos impondría el abandono de hechos del pasado. Es decir, hacen variaciones con distinto texto y melodía sobre el mismo tema, aquél que todos conocimos hasta el hartazgo, y que nos refería a “los ojos en la nuca”. Pero, el nuevo texto es peor porque se plantea concretamente el antagonismo entre las necesidades de los oprimidos y postergados de hoy y las necesidades de una sociedad herida por albergar en su seno luchas y luchadores contra la injusticia y la opresión. Entonces, divorciadas ambas cosas, ¿qué hacemos con estos crímenes que nos inflingió la dictadura, si tenemos que atender a esta urgencia social? Los perdonamos… Y aquí debería decir, para usar una expresión de Perico, la mala conciencia, los obliga a desvirtuar las palabras, porque en realidad debería haberse dicho “los olvidamos”. Perdonar… ¿de qué, a quién de cada qué, a los criminales, a las instituciones?, ¿Quién perdona? No se sabe. El perdón genérico, el perdón tipo cheque en blanco, el perdón que Perico califica como “epidérmico y artificial” no existe más que como una forma hipócrita de designar al olvido.
Dice Perico “Triste sería conservar para siempre en nuestra memoria colectiva el hecho fatal de que nos hemos convertido en pueblos pusilánimes doblegados por abyectas amenazas de algunos militares que obligan a olvidar y dejar impunes a los criminales. Sería insoportable convivir para siempre con la propia vergüenza y la dignidad perdidas. La paz, que siempre es fruto de la justicia restablecida, se volvería una ilusión inalcanzable y nostalgiosa.
Y aquí aparece el rol clave de la memoria colectiva. No para juzgar, pues para eso están los jueces y el ordenamiento constitucional, sino para amparar este presente que no puede gestarse sin memoria inmediata”.
Y en otro escrito “olvidar los crímenes pasados se convertiría en un nuevo crimen contra el género humano” .
Me detengo en estas expresiones que hemos escuchado porque no son “cuentas de colores” excepcionales ni aisladas. Desde el comienzo del período post dictatorial se han sucedido permanentemente –con las honrosas excepciones que todos conocemos- desde las dirigencias políticas discursos en los que se negaban o minimizaban los crímenes de lesa humanidad; los que interpretaban a la luz de la teoría de los dos demonios; los que banalizan el mal; los que encubren criminales y los que derraman “perdones”. Ellos han sido moneda corriente en el tratamiento del tema. Y todo esto, que es siempre grave, es más grave en una sociedad con problemas de integración social como la nuestra y –por suerte- con deseos de transformación. Así se han descontextualizado los crímenes dictatoriales y se ha logrado esfumar el sentido último de las dictaduras de la Doctrina de Seguridad Nacional. Se ha logrado separarlas de su determinación de imponer un modelo socioeconómico que conlleva la injusticia social y que requiere para ello, la obnubilación de la consciencia de la gente, la paralización de su movilización, la minimización de sus capacidades críticas, propositivas y organizativas, su alienación en el día a día, la enajenación de su historia y de sus verdaderos cauces liberadores.
Algunos dirán que estas cuestiones son cosas del pasado. Sí, en nuestro país los crímenes de Estado ocurrieron en el pasado, pero en el mundo, ni en América Latina se han desterrado. Miremos lo que pasa, escuchemos las noticias. Esto no lo digo por alarmar ni confundir sino que lo digo porque los pueblos tenemos que conocer nuestra historia y todo intento de desvirtuarla no sólo nos priva de las enseñanzas útiles para desarrollarnos humanamente, para afianzar principios y sensibilidades, sino de las páginas que nos sirven para prevenirnos. Entonces la memoria, que hace a la historia, es una condición para la lucidez del presente, para la prevención de los errores y de los horrores.
Escribe Perico “No seremos constructores de unidad mientras no logremos una nueva relación con quienes padecen injustamente la desaparición forzada y la impunidad de sus verdugos…. Sólo así llegaremos a un nuevo tipo de solidaridad, de confianza mutua entre víctimas sufrientes y ciudadanos dispuestos a no banalizar nunca más el dolor que queda atenazado en la impunidad por razones de Estado o de “instituciones políticas salvadas”. Si la grandeza de esas instituciones consiste en que pueden custodiar y transmitir el recuerdo de los acontecimientos históricos, su miseria, por el contrario, consiste en los recuerdos que ellas relegan selectivamente al olvido…. Y allí están los monumentos, las celebraciones patrias junto a los silencios vergonzantes, la historia oficial junto a la oculta… Es claro que más allá de un elemental reclamo de justicia por parte de las víctimas, está la obligación que todos tenemos de impedir por todos los medios que vuelva a suceder lo que ocurrió. La memoria de los detenidos desaparecidos debe mantenerse viva en el pueblo, es vital si queremos neutralizar los efectos de la impunidad en su maldad más dañina. ¡Pero cuidado!, porque los verdugos buscarán por todos los medios impedir que se puedan hacer explícitas las razones que tiene ese pueblo para no olvidar lo que pasó. Ello está vinculado con la imperiosa necesidad que tienen los de mala conciencia de que no se mire atrás…. Una conclusión es esencial: no se recuerda, no se juzga el pasado sólo para castigar o condenar, sino para aprender… Lo vivido no debe ir a alojarse en algún lugar recóndito de la memoria. Se debe integrar al alma del pueblo afectado y hacer parte de su ser para siempre.”
A esta altura, por lo menos los adultos deberíamos saber que, por suerte, la historia no comienza ni termina con nosotros, ni aún cuando nos muramos. Así que si sinceramente queremos que la sociedad crezca en principios, en conciencia, sensibilidad y participación, mejor sería que nos dedicáramos a reforzar las tareas de investigación de la historia reciente, que ayudáramos a que la verdad que nos niegan los verdugos y sus instituciones, saliera a luz para integrar la historia sí y para insumo presente de acciones judiciales.
Otra de las “cuentas de colores” que se lanzó sobre la sociedad fue, en ocasión del fallo de la Corte Interamericana, la de la “intromisión” de tribunales internacionales. La molestia deriva porque de alguna manera se erosiona o se lesiona la soberanía. Cuesta creer que en el S XXI alguien de buena fe lance tal afirmación.
Los Estados, que son los autores de estos crímenes, salvo que hagan un cambio radical en su dirección, suelen investigarlos y juzgarlos por la presión de sectores de la sociedad civil, por presiones desde el exterior. Lo que pase en cualquier lugar del mundo con los derechos inalienables de las personas no puede quedar sólo librado a la voluntad de los Estados, aunque ellos tienen el deber de ser sus promotores y custodios. La historia es reiterativa en demostrar cómo ellos se desentienden de sus responsabilidades en los hechos o los sesgan. Todos somos partícipes de cuánto debe la sociedad civil trabajar desde fuera de las estructuras gubernamentales para denunciar e investigar los atropellos de los Estados que violan los derechos de las personas y las comunidades. Todos sabemos la importancia de la solidaridad internacional. ¿Qué debemos hacer las personas cuándo se avasalla a nuestros semejantes? ¿Debemos desentendernos porque los hechos ocurren en otro país o contra personas de otra nacionalidad? ¿Debemos ser indiferentes u omisos? No es menor el papel de defensa de los DDHH que les cabe a las sociedades, a las organizaciones no-gubernamentales generadas a tales efectos. El derecho internacional ha ido avanzando a su ritmo en incorporar y legislar la participación civil, no-gubernamental, en la función de alegar y demostrar la culpabilidad de los Estados, de controlarlos y últimamente, incluso de las personas concretas dentro de los Estados. Obviamente esto no implica que cualquiera pueda hacer cualquier cosa, sino establecer los canales y los instrumentos para que los pueblos y personas puedan defenderse cuando los Estados los avasallan.
Por supuesto que también pueden actuar otros Estados y son muchas las posibilidades que tienen para hacerlo. Simplemente se quiere dar una garantía más a la humanidad porque también todos sabemos que los Estados suelen prescindir del tema cuando no conviene a sus intereses y que –como los personajes más pedestres - suelen pensar “hoy por ti, mañana por mí”, mientras públicamente se escudan en el derecho de no intervención.
Nuestro país debe reconocer la enorme solidaridad internacional que recibió en las épocas de la dictadura en lugar de refunfuñar con estúpidos argumentos de soberanía nacional. También en este punto quiero traer a Perico: (refiriéndose al derecho de no injerencia y al derecho solidario de injerencia) “Y esto por la sencilla razón de que existe un derecho de solidaridad de los seres humanos entre sí en cuanto humanos que está más allá de las fronteras de los Estados. El derecho humano forma una unidad en la humanidad que es anterior a los Estados. Cada uno de nosotros, como seres humanos, estamos solidariamente unidos a este nivel. A nadie se le debe escapar el hecho de que la eficacia de la acción contra la violación de los derechos humanos reposa en última instancia, en una opinión pública mundial informada y sensibilizada sobre ellos. Si cada uno, individual y colectivamente, comienza a tomar sus propias responsabilidades y a considerar seriamente el derecho de injerencia en este campo, los Estados estarán más atentos a sus obligaciones y mejor controlados. En este sentido, la injerencia no será nunca algo negativo, sino el imperio de la responsabilidad y de la solidaridad entre los seres humanos”
El pueblo uruguayo, oriundo de un país pequeño, joven, al cual tanto dolor le costó instalarse como una república democrática y forjar un destino que en su momento lo honró con ser tierra de asilo y que cultivó la solidaridad, no puede, no debe, considerar como una afrenta que una corte internacional condene a su Estado. Quienes lo deshonraron son los criminales que actuaron en su nombre, no los que apelan a ella por el bochorno de tener los caminos internos tapiados. De alguna forma el Uruguay debe comprender que pertenece a un mundo en el que, fruto de la historia y de los principios compartidos, los Estados han reconocido que los crímenes de lesa humanidad no son prescriptibles ni amnistiables.
Al Uruguay le hace bien este fallo de la Corte, lo impulsa a conocer, a reconocer y a sanar la sevicia del pasado, pero también contribuye a liberarlo de la confusión a la que se ha condenado a nuestra sociedad con tantos galimatías locales. Creo que los crímenes de la dictadura fueron tremendos y creo también que la forma en que se trataron en la post dictadura fue nefasta para su reparación y para la prevención de su reiteración, lo que comúnmente llamamos el Nunca Más. Como señala P, nunca se pueden usar las mismas categorías de perdón y reconciliación del plano interpersonal para las sociedades en conflicto. En estos casos deben usarse categorías políticas que no son simples ni sencillas. “Siempre habrá que superar el círculo vicioso de las revanchas, de los desquites y venganzas. Pero nunca a costa de incorporar a la comunidad al enemigo con su injusticia, prescindiendo de un análisis profundo y serio de sus propósitos. El pastor nunca mete al lobo en el redil de las ovejas”
En nuestro país, las víctimas sobrevivientes, los familiares de los desaparecidos y los opositores a la dictadura han dado sobradas muestras que no los guía la revancha, el desquite o la venganza. Por ahí no se generó ni está el problema. Éste surge del tratamiento político nefasto para la reparación del tejido social que han impulsado muchos dirigentes políticos y responsables institucionales (algunos por mala fe, otros por cobardía, otros porque priorizan sus intereses, etc.). Así nos han privado de la oportunidad de que en la democracia renaciente forjásemos el desarrollo de una sociedad con principios humanos y humanitarios sólidos, reforzados por la experiencia histórica; una sociedad recreadora de los principios artiguistas con una sensibilidad actualizada.
No tengo tiempo, y a esta altura no deseo, enumerar la ristra de canalladas con que algunos han tratado el tema. Su espectro va desde la mentira a la banalidad; desde la flaqueza de voluntad hasta la hipocresía de algunos que llegan a metamorfosearse en demócratas; desde la prepotencia y la amenaza al servilismo. A ellos, Perico les advierte: “Cada vez que un político manipula el dolor de los demás y ofrece lo que sabe que no es una solución está manoseando lo más sagrado que tiene la sociedad: la esperanza de que un día seremos más humanos.”
Muchas gracias.
En nombre de Familiares quiero reconocer y celebrar que la editorial Trilce y la Red de amigos de LPA hagan el esfuerzo de juntarnos para reflexionar sobre temas tan actuales. Familiares, organización con la que contribuyo desde hace tiempo me honró delegándome su presencia en esta Mesa y yo quiero eximir a Familiares de todos los errores que pueda cometer en su transcurso.
Hechas las aclaraciones, voy a hacer las acotaciones. El pensamiento de Perico en materia de DDHH, es vasto y profundo. Está fundado en un conocimiento hondo de la teoría y en una práctica de compromiso cotidiano por su construcción. Un análisis exhaustivo exigiría herramientas jurídicas, filosóficas, sociológicas, teológicas que no están en mi caja de instrumentos. Sí está en mi la comprensión de los derechos humanos como “un camino abierto, a recorrer viviéndolo, en la que personas y pueblos van planteando – producto de sus realidades, tanto de existencia como de conciencia- nuevas metas” . Como una parte esencial de nuestra cultura. Entonces si estamos acá es porque Perico es el Perico de sus múltiples escritos y conferencias nacionales e internacionales y es también el Perico de La Huella y su permanente deambular alentando, ayudando a los que sufren, compartiendo sus dolores y luchas, sus derrotas y sus esperanzas, sus claridades y sus oscuridades. Es el Perico de la teoría y el de la praxis.
Esta convicción de Perico en la indivisibilidad de los derechos humanos y en la necesidad de vivirlos como sociedad, del compromiso y la solidaridad tiene una vigencia extraordinaria en esta sociedad nuestra y en las sociedades latinoamericanas que exigen una transformación que las centre en las personas, en su humanización.
Estamos atravesados por serios problemas en este campo y ojalá pudiéramos reunirnos para reflexionar sobre múltiples cuestiones de este Uruguay fragmentado. Pero los organizadores, correctamente, saben que eso es inabarcable en esta instancia y acotaron el tema al perdón y nos orientaron con un texto disparador. Además yo hoy estoy acá por un organismo que, en su humildad y heterogeneidad, se ocupa específicamente –sin olvidar lo demás- de la desaparición forzada de personas y razonablemente se espera que me refiera a ese punto, salvando antes el reconocimiento de la unidad (no el antagonismo) de los distintos aspectos de los derechos humanos.
Subrayo esto porque últimamente se han oído voces “antagonizadoras”, que han planteado que la necesidad de atender las urgencias de los más desposeídos de alguna manera nos impondría el abandono de hechos del pasado. Es decir, hacen variaciones con distinto texto y melodía sobre el mismo tema, aquél que todos conocimos hasta el hartazgo, y que nos refería a “los ojos en la nuca”. Pero, el nuevo texto es peor porque se plantea concretamente el antagonismo entre las necesidades de los oprimidos y postergados de hoy y las necesidades de una sociedad herida por albergar en su seno luchas y luchadores contra la injusticia y la opresión. Entonces, divorciadas ambas cosas, ¿qué hacemos con estos crímenes que nos inflingió la dictadura, si tenemos que atender a esta urgencia social? Los perdonamos… Y aquí debería decir, para usar una expresión de Perico, la mala conciencia, los obliga a desvirtuar las palabras, porque en realidad debería haberse dicho “los olvidamos”. Perdonar… ¿de qué, a quién de cada qué, a los criminales, a las instituciones?, ¿Quién perdona? No se sabe. El perdón genérico, el perdón tipo cheque en blanco, el perdón que Perico califica como “epidérmico y artificial” no existe más que como una forma hipócrita de designar al olvido.
Dice Perico “Triste sería conservar para siempre en nuestra memoria colectiva el hecho fatal de que nos hemos convertido en pueblos pusilánimes doblegados por abyectas amenazas de algunos militares que obligan a olvidar y dejar impunes a los criminales. Sería insoportable convivir para siempre con la propia vergüenza y la dignidad perdidas. La paz, que siempre es fruto de la justicia restablecida, se volvería una ilusión inalcanzable y nostalgiosa.
Y aquí aparece el rol clave de la memoria colectiva. No para juzgar, pues para eso están los jueces y el ordenamiento constitucional, sino para amparar este presente que no puede gestarse sin memoria inmediata”.
Y en otro escrito “olvidar los crímenes pasados se convertiría en un nuevo crimen contra el género humano” .
Me detengo en estas expresiones que hemos escuchado porque no son “cuentas de colores” excepcionales ni aisladas. Desde el comienzo del período post dictatorial se han sucedido permanentemente –con las honrosas excepciones que todos conocemos- desde las dirigencias políticas discursos en los que se negaban o minimizaban los crímenes de lesa humanidad; los que interpretaban a la luz de la teoría de los dos demonios; los que banalizan el mal; los que encubren criminales y los que derraman “perdones”. Ellos han sido moneda corriente en el tratamiento del tema. Y todo esto, que es siempre grave, es más grave en una sociedad con problemas de integración social como la nuestra y –por suerte- con deseos de transformación. Así se han descontextualizado los crímenes dictatoriales y se ha logrado esfumar el sentido último de las dictaduras de la Doctrina de Seguridad Nacional. Se ha logrado separarlas de su determinación de imponer un modelo socioeconómico que conlleva la injusticia social y que requiere para ello, la obnubilación de la consciencia de la gente, la paralización de su movilización, la minimización de sus capacidades críticas, propositivas y organizativas, su alienación en el día a día, la enajenación de su historia y de sus verdaderos cauces liberadores.
Algunos dirán que estas cuestiones son cosas del pasado. Sí, en nuestro país los crímenes de Estado ocurrieron en el pasado, pero en el mundo, ni en América Latina se han desterrado. Miremos lo que pasa, escuchemos las noticias. Esto no lo digo por alarmar ni confundir sino que lo digo porque los pueblos tenemos que conocer nuestra historia y todo intento de desvirtuarla no sólo nos priva de las enseñanzas útiles para desarrollarnos humanamente, para afianzar principios y sensibilidades, sino de las páginas que nos sirven para prevenirnos. Entonces la memoria, que hace a la historia, es una condición para la lucidez del presente, para la prevención de los errores y de los horrores.
Escribe Perico “No seremos constructores de unidad mientras no logremos una nueva relación con quienes padecen injustamente la desaparición forzada y la impunidad de sus verdugos…. Sólo así llegaremos a un nuevo tipo de solidaridad, de confianza mutua entre víctimas sufrientes y ciudadanos dispuestos a no banalizar nunca más el dolor que queda atenazado en la impunidad por razones de Estado o de “instituciones políticas salvadas”. Si la grandeza de esas instituciones consiste en que pueden custodiar y transmitir el recuerdo de los acontecimientos históricos, su miseria, por el contrario, consiste en los recuerdos que ellas relegan selectivamente al olvido…. Y allí están los monumentos, las celebraciones patrias junto a los silencios vergonzantes, la historia oficial junto a la oculta… Es claro que más allá de un elemental reclamo de justicia por parte de las víctimas, está la obligación que todos tenemos de impedir por todos los medios que vuelva a suceder lo que ocurrió. La memoria de los detenidos desaparecidos debe mantenerse viva en el pueblo, es vital si queremos neutralizar los efectos de la impunidad en su maldad más dañina. ¡Pero cuidado!, porque los verdugos buscarán por todos los medios impedir que se puedan hacer explícitas las razones que tiene ese pueblo para no olvidar lo que pasó. Ello está vinculado con la imperiosa necesidad que tienen los de mala conciencia de que no se mire atrás…. Una conclusión es esencial: no se recuerda, no se juzga el pasado sólo para castigar o condenar, sino para aprender… Lo vivido no debe ir a alojarse en algún lugar recóndito de la memoria. Se debe integrar al alma del pueblo afectado y hacer parte de su ser para siempre.”
A esta altura, por lo menos los adultos deberíamos saber que, por suerte, la historia no comienza ni termina con nosotros, ni aún cuando nos muramos. Así que si sinceramente queremos que la sociedad crezca en principios, en conciencia, sensibilidad y participación, mejor sería que nos dedicáramos a reforzar las tareas de investigación de la historia reciente, que ayudáramos a que la verdad que nos niegan los verdugos y sus instituciones, saliera a luz para integrar la historia sí y para insumo presente de acciones judiciales.
Otra de las “cuentas de colores” que se lanzó sobre la sociedad fue, en ocasión del fallo de la Corte Interamericana, la de la “intromisión” de tribunales internacionales. La molestia deriva porque de alguna manera se erosiona o se lesiona la soberanía. Cuesta creer que en el S XXI alguien de buena fe lance tal afirmación.
Los Estados, que son los autores de estos crímenes, salvo que hagan un cambio radical en su dirección, suelen investigarlos y juzgarlos por la presión de sectores de la sociedad civil, por presiones desde el exterior. Lo que pase en cualquier lugar del mundo con los derechos inalienables de las personas no puede quedar sólo librado a la voluntad de los Estados, aunque ellos tienen el deber de ser sus promotores y custodios. La historia es reiterativa en demostrar cómo ellos se desentienden de sus responsabilidades en los hechos o los sesgan. Todos somos partícipes de cuánto debe la sociedad civil trabajar desde fuera de las estructuras gubernamentales para denunciar e investigar los atropellos de los Estados que violan los derechos de las personas y las comunidades. Todos sabemos la importancia de la solidaridad internacional. ¿Qué debemos hacer las personas cuándo se avasalla a nuestros semejantes? ¿Debemos desentendernos porque los hechos ocurren en otro país o contra personas de otra nacionalidad? ¿Debemos ser indiferentes u omisos? No es menor el papel de defensa de los DDHH que les cabe a las sociedades, a las organizaciones no-gubernamentales generadas a tales efectos. El derecho internacional ha ido avanzando a su ritmo en incorporar y legislar la participación civil, no-gubernamental, en la función de alegar y demostrar la culpabilidad de los Estados, de controlarlos y últimamente, incluso de las personas concretas dentro de los Estados. Obviamente esto no implica que cualquiera pueda hacer cualquier cosa, sino establecer los canales y los instrumentos para que los pueblos y personas puedan defenderse cuando los Estados los avasallan.
Por supuesto que también pueden actuar otros Estados y son muchas las posibilidades que tienen para hacerlo. Simplemente se quiere dar una garantía más a la humanidad porque también todos sabemos que los Estados suelen prescindir del tema cuando no conviene a sus intereses y que –como los personajes más pedestres - suelen pensar “hoy por ti, mañana por mí”, mientras públicamente se escudan en el derecho de no intervención.
Nuestro país debe reconocer la enorme solidaridad internacional que recibió en las épocas de la dictadura en lugar de refunfuñar con estúpidos argumentos de soberanía nacional. También en este punto quiero traer a Perico: (refiriéndose al derecho de no injerencia y al derecho solidario de injerencia) “Y esto por la sencilla razón de que existe un derecho de solidaridad de los seres humanos entre sí en cuanto humanos que está más allá de las fronteras de los Estados. El derecho humano forma una unidad en la humanidad que es anterior a los Estados. Cada uno de nosotros, como seres humanos, estamos solidariamente unidos a este nivel. A nadie se le debe escapar el hecho de que la eficacia de la acción contra la violación de los derechos humanos reposa en última instancia, en una opinión pública mundial informada y sensibilizada sobre ellos. Si cada uno, individual y colectivamente, comienza a tomar sus propias responsabilidades y a considerar seriamente el derecho de injerencia en este campo, los Estados estarán más atentos a sus obligaciones y mejor controlados. En este sentido, la injerencia no será nunca algo negativo, sino el imperio de la responsabilidad y de la solidaridad entre los seres humanos”
El pueblo uruguayo, oriundo de un país pequeño, joven, al cual tanto dolor le costó instalarse como una república democrática y forjar un destino que en su momento lo honró con ser tierra de asilo y que cultivó la solidaridad, no puede, no debe, considerar como una afrenta que una corte internacional condene a su Estado. Quienes lo deshonraron son los criminales que actuaron en su nombre, no los que apelan a ella por el bochorno de tener los caminos internos tapiados. De alguna forma el Uruguay debe comprender que pertenece a un mundo en el que, fruto de la historia y de los principios compartidos, los Estados han reconocido que los crímenes de lesa humanidad no son prescriptibles ni amnistiables.
Al Uruguay le hace bien este fallo de la Corte, lo impulsa a conocer, a reconocer y a sanar la sevicia del pasado, pero también contribuye a liberarlo de la confusión a la que se ha condenado a nuestra sociedad con tantos galimatías locales. Creo que los crímenes de la dictadura fueron tremendos y creo también que la forma en que se trataron en la post dictadura fue nefasta para su reparación y para la prevención de su reiteración, lo que comúnmente llamamos el Nunca Más. Como señala P, nunca se pueden usar las mismas categorías de perdón y reconciliación del plano interpersonal para las sociedades en conflicto. En estos casos deben usarse categorías políticas que no son simples ni sencillas. “Siempre habrá que superar el círculo vicioso de las revanchas, de los desquites y venganzas. Pero nunca a costa de incorporar a la comunidad al enemigo con su injusticia, prescindiendo de un análisis profundo y serio de sus propósitos. El pastor nunca mete al lobo en el redil de las ovejas”
En nuestro país, las víctimas sobrevivientes, los familiares de los desaparecidos y los opositores a la dictadura han dado sobradas muestras que no los guía la revancha, el desquite o la venganza. Por ahí no se generó ni está el problema. Éste surge del tratamiento político nefasto para la reparación del tejido social que han impulsado muchos dirigentes políticos y responsables institucionales (algunos por mala fe, otros por cobardía, otros porque priorizan sus intereses, etc.). Así nos han privado de la oportunidad de que en la democracia renaciente forjásemos el desarrollo de una sociedad con principios humanos y humanitarios sólidos, reforzados por la experiencia histórica; una sociedad recreadora de los principios artiguistas con una sensibilidad actualizada.
No tengo tiempo, y a esta altura no deseo, enumerar la ristra de canalladas con que algunos han tratado el tema. Su espectro va desde la mentira a la banalidad; desde la flaqueza de voluntad hasta la hipocresía de algunos que llegan a metamorfosearse en demócratas; desde la prepotencia y la amenaza al servilismo. A ellos, Perico les advierte: “Cada vez que un político manipula el dolor de los demás y ofrece lo que sabe que no es una solución está manoseando lo más sagrado que tiene la sociedad: la esperanza de que un día seremos más humanos.”
Muchas gracias.
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**APORTES Y REFLEXIONES**
miércoles 5 de octubre de 2011
“Ponerse la camiseta de Familiares”.

Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, con el apoyo de personas y organizaciones amigas, estamos organizando un festival para toda la familia el día 5 de noviembre de 2011 en el Velódromo Municipal enmarcado en una “Movida” mayor a la que hemos llamado: “Ponerse la camiseta de Familiares”.
Como siempre dijimos, estamos comprometidos con la verdad, con la justicia (que descarta la venganza), con la memoria, con la prevención de los crímenes de lesa humanidad, con la condena al terrorismo de Estado, con la vigencia de la libertad y el Estado de Derecho. Fue el atropello a estas cosas que hizo posible la desaparición forzada de nuestros familiares y destrozó vidas, familias y sociedades.
Algunos piensan que estamos empecinados en quedarnos en el pasado. Nosotros sentimos que –por el contrario- estamos comprometidos con el futuro. Este compromiso es: hacer de nuestro país un lugar donde se garantice la plena vigencia de los derechos y las libertades de las personas, donde toda la sociedad tenga la cultura de su respeto y donde el atropello, el avasallamiento por parte del Estado nunca más suceda.
Por ello promovemos acciones tendientes a la búsqueda de la verdad y la justicia, la preservación de la memoria y la reparación integral de las victimas, realizando eventos de difusión y promoviendo acciones para el desarrollo de los derechos humanos.
Estamos convencidos que la alegría y la esperanza contenidas en actividades como la programada, pensadas para todas las edades, son indispensables en ese camino.
Adjuntamos el afiche promocional de la “Movida” y de las camisetas: “Todos somos familiares”.
Donde conseguir tu camiseta
En Montevideo:
• Serpaj (lunes, miércoles y viernes de 14 hs a 18 hs) Joaquín 1642 Requena
• Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales -
• El Tartamudo Bar – Avda. 8 de Octubre 2545 esq. Berro
• Sindicatos
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• Crysol
Canelones:
• Librería Frida - Las Piedras
Paysandú:
• Aute: Sarandi 930
• AEBU: Zorrilla 826
• SOEN: Batlle Berres 1413
• 099597356 (Mela Gadea)
Festival.familiares@gmail.com
lunes 29 de agosto de 2011
A 30 AÑOS DE LUCHA DE FEDEFAM
CONMEMORANDO EL DIA INTERNACIONAL DEL
DETENID@ -DESAPARECID@
Este 2011 estamos cumpliendo 30 años desde que dimos por conformada la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desparecidos FEDEFAM. Surgimos como una necesidad ante el flagelo de las desapariciones forzadas que se cometian selectiva y masivamente en varios países de nuestro continente, en el marco de la “Doctrina de la Seguridad Nacional”.
Llevada a cabo en los países en que se instalaron las dictaduras auspiciadas por el gobierno norteamericano como fueron Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile, Haití, Nicaragua, entre otros, pero también en los países donde aparentemente se vivía una democracia, entre ellos Colombia, México, Venezuela, Perú y en otros tantos donde existían conflictos internos como en El Salvador, Guatemala, Honduras. En todos se aplico la desaparición forzada y otros graves delitos como el genocidio, masacres, torturas, exilios forzados, persecución, encarcelamiento, etc.
No fue sencillo. Perdimos en la lucha contra este flagelo a decenas de compañeras que fueron asesinadas, desparecidas, como en Guatemala, Argentina y Perú donde las fundadoras fueron desaparecidas, torturadas y otros cientos obligadas al exilio. Un video de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora expresa el grito de desesperación que se hacia en su momento a los medios de comunicación para que recogieran las denuncias de los casos que se presentaban de las desapariciones forzadas. Trataron de acallar, no sólo de acallar a nuestros familiares detenidos desaparecidos, sino también nuestro trabajo. Pero calcularon mal su estrategia de terror: nunca imaginaron que las madres, hijas, abuelas, hermanas y todos los familiares mantendríamos no únicamente la memoria sino que recogeríamos sus demandas por una sociedad de Paz con Justicia Social, que lucharíamos tantos años y que no nos cansaríamos.
Hoy ratificamos nuestro compromiso de lograr erradicar este crimen que ofende a la humanidad. Recordamos que en aquellos años la desaparición forzada no estaba catalogada como delito. Trataron de hacernos creer que nuestros familiares se lo merecían por “ser delincuentes”.
Todo estaba en nuestra contra: la prensa corporativa, sistemas de justicia indiferentes y complacientes, médicos que se prestaban a los robos de bebés, empresarios que veían con muy buenos ojos que exterminaran y desaparecieran a nuestros familiares. Veíamos con preocupación que la desaparición forzada iba en aumento y cada vez en más países. En cada Congreso teníamos como principio acudir a los países en conflicto como forma de solidaridad. En alguno debido al conflicto armado no nos permitieron llegar, como fue en el Salvador en 1986. A debimos regresar varias veces como Perú, Colombia, México.
En los dos últimos se han incrementado en los últimos 5 años las desapariciones forzadas, pero también en Honduras a pesar de que dichos países han firmado y ratificado la Convención que protege a todas las personas contra las desapariciones forzadas. Recientemente, el representante del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Christian Salazar, informó que la ONU estima que más de 57.200 personas han sido desaparecidas en Colombia y la existencia de más de 3000 fosas comunes aun sin exhumar. El Grupo de Trabajo Sobre desapariciones Forzadas GTSDF de la ONU recientemente visitó México y declaró que las denuncias que presentaron los familiares y Organismos de Derechos Humanos no coinciden con la cantidad que tiene registrado el gobierno Mexicano. Aproximadamente en 4 años son más de 4000 detenidos- desaparecidos, o sea, que se triplicó esta práctica en lo que va del gobierno de Felipe Calderón.
En Honduras, después del secuestro de Manuel Zelaya, se incrementaron las victimas de desapariciones forzadas de 184 a 300.
Reconocemos que en otros países no se ha aplicado en estos últimos años, pero la impunidad se mantiene. Argentina es el país con más juicios y condenas a los responsables de esto delitos de lesa humanidad, pero ahí lamentablemente fue desparecido Julio López en plena Democracia.
Brasil esta tímidamente comenzando a hablar sobre lo ocurrido en el periodo del Terrorismo de Estado; Chile está cambiando su rumbo liderado por los estudiantes; Guatemala por fin está conociendo la justicia con procesamientos y condenas a algunos de los principales perpetradores pero aun no se ha logrado concretar la creación de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas Forzadamente; Uruguay continúa con la nefasta Ley de Caducidad vigente a pesar de la reciente condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Esto nos hace ver que los culpables siguen aplicando sus conocimientos, que a pesar de que ya no están en el poder, tiene poder para mandar desaparecer a quienes pretenden enjuiciarlos.
Dentro de las estadísticas de las desapariciones forzadas con las que contamos figuran las siguientes:
- Argentina 30.001
- Bolivia 180
- Brasil 160
- Colombia 57.000
- Chile 1.200
- Ecuador 12
- El Salvador 20.000
- Guatemala 45.000
- Haití 12.000
- Honduras 300
- México 4.000
- Nicaragua 10.444
- Panamá 207
- Perú 20.000
- Uruguay 190 - 200
- Paraguay 300
- Venezuela 4.000
Es un total 204.994 detenidos desaparecidos desde que nace la desaparición forzada en América Latina en 1960 y, lamentablemente, a pesar de los avances que hemos logrado, sigue su práctica. Reconocemos que estamos en deuda con algunos países a los cuales no hemos logrado llegar por diversas razones. Entre estos países están nuestras queridas compañeras de Honduras y Paraguay.
Esta lucha no ha sido sencilla: han tratado de varias formas de que se mantenga la Impunidad. Los gobiernos han impulsado sus leyes de perdón, sus leyes de amnistía, sus comisiones de la verdad que se quedan en nada, fiscalías que son obsoletas: propuestas van y vienen y los familiares seguimos incansables porque hemos resistido. Nuestra lucha está basada en levantar los principios de Dignidad, reivindicando a nuestros hombres y mujeres que lucharon por sus pueblos. No fue una lucha individual. Fue colectiva porque colectivo fue nuestro trabajo en todas nuestras acciones de protesta que hemos impulsado: huelgas de hambre, protestas callejeras, plantones, huelgas de hambre ante la ONU, OEA y así logramos que se tomara en cuenta nuestra lucha.
Hoy el mundo recoge una de las actividades que nació con nuestra Federación como es la declaración del 30 de Agosto como "Día Internacional del Detenido Desaparecido". Valoramos con suma alegría que uno de los principales objetivos de nuestra lucha se ha cumplido: la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra la Desaparición Forzada. Hoy es necesario que se reconozca el comité que velará para que se cumpla su mandato y sea efectiva la implementación de la convención en los Estados Parte que permita prevenir más desapariciones. Este es un logro que obtuvimos en la 61ª Asamblea General de Naciones Unidas el 6 de diciembre de 2006, con su pronta ratificación que fue una meta para las organizaciones de América Latina, Asia y África y que entró en vigor el 23 de diciembre de 2010.
Hemos logrado unir nuestro sentimientos de una sola voz, una sola lucha, un solo dolor con los familiares de Asia Federación Asiática contra las Desapariciones Forzadas, Los familiares de África que están coordinados en un organismo que lucha contra esta práctica.
Para FEDEFAM ha sido pieza fundamental el apoyo recibido por los Grupos de Apoyo de Ginebra, de EE.UU. América Latina Francia, Holanda, Alemania en si en muchos países que también han hecho suyo este dolor que hemos transformado que decía nuestro querido padre Juan Vives: dolor que se transformado en fortaleza de lucha por que esta esta inspirado en la dignidad de nuestros detenidos desaparecidos. No podemos olvidar a nuestros asesores, orientadores que han hecho suyo este gran trabajo que aun con todos sus obstáculos que hemos salvado, SEGUIMOS EXISTIENDO.
A 30 años de lucha ratificamos nuestro compromiso hasta que nunca más se detenga y desaparezca a nadie en el mundo.
FEDERACION LATIENOAMERICANA DE ASOCIACIONES DE FAMILIARES
DE DETENID@S- DESAPARECID@S
Caracas, Venezuela. 29 de agosto de 2011
DETENID@ -DESAPARECID@
Este 2011 estamos cumpliendo 30 años desde que dimos por conformada la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos Desparecidos FEDEFAM. Surgimos como una necesidad ante el flagelo de las desapariciones forzadas que se cometian selectiva y masivamente en varios países de nuestro continente, en el marco de la “Doctrina de la Seguridad Nacional”.
Llevada a cabo en los países en que se instalaron las dictaduras auspiciadas por el gobierno norteamericano como fueron Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Chile, Haití, Nicaragua, entre otros, pero también en los países donde aparentemente se vivía una democracia, entre ellos Colombia, México, Venezuela, Perú y en otros tantos donde existían conflictos internos como en El Salvador, Guatemala, Honduras. En todos se aplico la desaparición forzada y otros graves delitos como el genocidio, masacres, torturas, exilios forzados, persecución, encarcelamiento, etc.
No fue sencillo. Perdimos en la lucha contra este flagelo a decenas de compañeras que fueron asesinadas, desparecidas, como en Guatemala, Argentina y Perú donde las fundadoras fueron desaparecidas, torturadas y otros cientos obligadas al exilio. Un video de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora expresa el grito de desesperación que se hacia en su momento a los medios de comunicación para que recogieran las denuncias de los casos que se presentaban de las desapariciones forzadas. Trataron de acallar, no sólo de acallar a nuestros familiares detenidos desaparecidos, sino también nuestro trabajo. Pero calcularon mal su estrategia de terror: nunca imaginaron que las madres, hijas, abuelas, hermanas y todos los familiares mantendríamos no únicamente la memoria sino que recogeríamos sus demandas por una sociedad de Paz con Justicia Social, que lucharíamos tantos años y que no nos cansaríamos.
Hoy ratificamos nuestro compromiso de lograr erradicar este crimen que ofende a la humanidad. Recordamos que en aquellos años la desaparición forzada no estaba catalogada como delito. Trataron de hacernos creer que nuestros familiares se lo merecían por “ser delincuentes”.
Todo estaba en nuestra contra: la prensa corporativa, sistemas de justicia indiferentes y complacientes, médicos que se prestaban a los robos de bebés, empresarios que veían con muy buenos ojos que exterminaran y desaparecieran a nuestros familiares. Veíamos con preocupación que la desaparición forzada iba en aumento y cada vez en más países. En cada Congreso teníamos como principio acudir a los países en conflicto como forma de solidaridad. En alguno debido al conflicto armado no nos permitieron llegar, como fue en el Salvador en 1986. A debimos regresar varias veces como Perú, Colombia, México.
En los dos últimos se han incrementado en los últimos 5 años las desapariciones forzadas, pero también en Honduras a pesar de que dichos países han firmado y ratificado la Convención que protege a todas las personas contra las desapariciones forzadas. Recientemente, el representante del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Christian Salazar, informó que la ONU estima que más de 57.200 personas han sido desaparecidas en Colombia y la existencia de más de 3000 fosas comunes aun sin exhumar. El Grupo de Trabajo Sobre desapariciones Forzadas GTSDF de la ONU recientemente visitó México y declaró que las denuncias que presentaron los familiares y Organismos de Derechos Humanos no coinciden con la cantidad que tiene registrado el gobierno Mexicano. Aproximadamente en 4 años son más de 4000 detenidos- desaparecidos, o sea, que se triplicó esta práctica en lo que va del gobierno de Felipe Calderón.
En Honduras, después del secuestro de Manuel Zelaya, se incrementaron las victimas de desapariciones forzadas de 184 a 300.
Reconocemos que en otros países no se ha aplicado en estos últimos años, pero la impunidad se mantiene. Argentina es el país con más juicios y condenas a los responsables de esto delitos de lesa humanidad, pero ahí lamentablemente fue desparecido Julio López en plena Democracia.
Brasil esta tímidamente comenzando a hablar sobre lo ocurrido en el periodo del Terrorismo de Estado; Chile está cambiando su rumbo liderado por los estudiantes; Guatemala por fin está conociendo la justicia con procesamientos y condenas a algunos de los principales perpetradores pero aun no se ha logrado concretar la creación de la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas Forzadamente; Uruguay continúa con la nefasta Ley de Caducidad vigente a pesar de la reciente condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Esto nos hace ver que los culpables siguen aplicando sus conocimientos, que a pesar de que ya no están en el poder, tiene poder para mandar desaparecer a quienes pretenden enjuiciarlos.
Dentro de las estadísticas de las desapariciones forzadas con las que contamos figuran las siguientes:
- Argentina 30.001
- Bolivia 180
- Brasil 160
- Colombia 57.000
- Chile 1.200
- Ecuador 12
- El Salvador 20.000
- Guatemala 45.000
- Haití 12.000
- Honduras 300
- México 4.000
- Nicaragua 10.444
- Panamá 207
- Perú 20.000
- Uruguay 190 - 200
- Paraguay 300
- Venezuela 4.000
Es un total 204.994 detenidos desaparecidos desde que nace la desaparición forzada en América Latina en 1960 y, lamentablemente, a pesar de los avances que hemos logrado, sigue su práctica. Reconocemos que estamos en deuda con algunos países a los cuales no hemos logrado llegar por diversas razones. Entre estos países están nuestras queridas compañeras de Honduras y Paraguay.
Esta lucha no ha sido sencilla: han tratado de varias formas de que se mantenga la Impunidad. Los gobiernos han impulsado sus leyes de perdón, sus leyes de amnistía, sus comisiones de la verdad que se quedan en nada, fiscalías que son obsoletas: propuestas van y vienen y los familiares seguimos incansables porque hemos resistido. Nuestra lucha está basada en levantar los principios de Dignidad, reivindicando a nuestros hombres y mujeres que lucharon por sus pueblos. No fue una lucha individual. Fue colectiva porque colectivo fue nuestro trabajo en todas nuestras acciones de protesta que hemos impulsado: huelgas de hambre, protestas callejeras, plantones, huelgas de hambre ante la ONU, OEA y así logramos que se tomara en cuenta nuestra lucha.
Hoy el mundo recoge una de las actividades que nació con nuestra Federación como es la declaración del 30 de Agosto como "Día Internacional del Detenido Desaparecido". Valoramos con suma alegría que uno de los principales objetivos de nuestra lucha se ha cumplido: la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra la Desaparición Forzada. Hoy es necesario que se reconozca el comité que velará para que se cumpla su mandato y sea efectiva la implementación de la convención en los Estados Parte que permita prevenir más desapariciones. Este es un logro que obtuvimos en la 61ª Asamblea General de Naciones Unidas el 6 de diciembre de 2006, con su pronta ratificación que fue una meta para las organizaciones de América Latina, Asia y África y que entró en vigor el 23 de diciembre de 2010.
Hemos logrado unir nuestro sentimientos de una sola voz, una sola lucha, un solo dolor con los familiares de Asia Federación Asiática contra las Desapariciones Forzadas, Los familiares de África que están coordinados en un organismo que lucha contra esta práctica.
Para FEDEFAM ha sido pieza fundamental el apoyo recibido por los Grupos de Apoyo de Ginebra, de EE.UU. América Latina Francia, Holanda, Alemania en si en muchos países que también han hecho suyo este dolor que hemos transformado que decía nuestro querido padre Juan Vives: dolor que se transformado en fortaleza de lucha por que esta esta inspirado en la dignidad de nuestros detenidos desaparecidos. No podemos olvidar a nuestros asesores, orientadores que han hecho suyo este gran trabajo que aun con todos sus obstáculos que hemos salvado, SEGUIMOS EXISTIENDO.
A 30 años de lucha ratificamos nuestro compromiso hasta que nunca más se detenga y desaparezca a nadie en el mundo.
FEDERACION LATIENOAMERICANA DE ASOCIACIONES DE FAMILIARES
DE DETENID@S- DESAPARECID@S
Caracas, Venezuela. 29 de agosto de 2011
Comunicado de la Coalición Internacional contra las Desapariciones Forzadas
COMUNICADO DE PRENSA
Día Internacional del Desaparecido 2011
30 de agosto 2011 - Hoy, la Coalición Internacional contra las Desapariciones Forzadas (ICAED) se une a las familias de los desaparecidos y toda la comunidad internacional para dar tributo a miles en el mundo de los desaparecidos. "Para ellos y por ellos y sus familias que sufren, nuestra Coalición existe para llamar a las puertas de todos los Estados instándolos a que firmen, ratifiquen y apliquen la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas (La Convención)", dijo María Aileen D. Bacalso, persona encargada de la ICAED y la Secretaria General de la Federación Asiática contra las Desapariciones Forzadas o Involuntarias.
Los cuarenta y un miembros de las organizaciones de la ICAED de todo el mundo están llevando a cabo diversas formas creativas de homenajear a los desaparecidos. De esta manera, reiteran sus llamadas a sus respectivos gobiernos para ratificar finalmente la Convención contra la desaparición forzada y reconocer la competencia del Comité de la ONU sobre las Desapariciones Forzadas. Este Comité es el órgano de expertos independientes que supervisa la aplicación del tratado contra la desaparición en los Estados Partes. La ICAED considera que la Convención es una herramienta muy poderosa para poner fin al delito de desaparición forzada y contra la impunidad.
Hasta la fecha, 88 Estados han firmado este tratado y otros 29 son Parte, con sólo 12 de ellos que reconocen todas las competencias del Comité contra la Desaparición Forzada. Bacalso señaló además que: "El número de Estados Partes en la Convención palidece en comparación con la extensión global del crimen, por lo tanto, la intensificación de la campaña y de cabildeo para obtener el apoyo amplio de la Convención es imprescindible. Así pues, los Estados que son fieles a la universalidad, indivisibilidad e independencia de los derechos humanos, deben acelerar el proceso de firmar y ratificar este importante tratado que establece el derecho a la verdad y el derecho a no ser sometido a desaparición forzada. " A medida que la comunidad internacional conmemora el Día Internacional de los Desaparecidos, la ICAED se compromete a intensificar sus esfuerzos en los planos nacional, regional e internacional para concretar su mandato de hacer campaña para que las ratificaciones de Estados posible y garantizar la aplicación universal de la Convención.
Este año es el primero que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), conmemora oficialment del Día Internacional de los Desaparecidos. En 2010, la ONU llamó a su sistema y otras organizaciones internacionales y regionales, así como la sociedad civil a celebrar el Día a partir de 2011. Reconociendo la magnitud global de la delincuencia como se reafirmó en los informes anuales del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU se une a las familias de los desaparecidos que han sido la conmemoración de este día desde hace ya casi tres décadas.
Firmado por:
MARY AILEEN D. BACALSO
Punto Focal, ICAED
Día Internacional del Desaparecido 2011
30 de agosto 2011 - Hoy, la Coalición Internacional contra las Desapariciones Forzadas (ICAED) se une a las familias de los desaparecidos y toda la comunidad internacional para dar tributo a miles en el mundo de los desaparecidos. "Para ellos y por ellos y sus familias que sufren, nuestra Coalición existe para llamar a las puertas de todos los Estados instándolos a que firmen, ratifiquen y apliquen la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas (La Convención)", dijo María Aileen D. Bacalso, persona encargada de la ICAED y la Secretaria General de la Federación Asiática contra las Desapariciones Forzadas o Involuntarias.
Los cuarenta y un miembros de las organizaciones de la ICAED de todo el mundo están llevando a cabo diversas formas creativas de homenajear a los desaparecidos. De esta manera, reiteran sus llamadas a sus respectivos gobiernos para ratificar finalmente la Convención contra la desaparición forzada y reconocer la competencia del Comité de la ONU sobre las Desapariciones Forzadas. Este Comité es el órgano de expertos independientes que supervisa la aplicación del tratado contra la desaparición en los Estados Partes. La ICAED considera que la Convención es una herramienta muy poderosa para poner fin al delito de desaparición forzada y contra la impunidad.
Hasta la fecha, 88 Estados han firmado este tratado y otros 29 son Parte, con sólo 12 de ellos que reconocen todas las competencias del Comité contra la Desaparición Forzada. Bacalso señaló además que: "El número de Estados Partes en la Convención palidece en comparación con la extensión global del crimen, por lo tanto, la intensificación de la campaña y de cabildeo para obtener el apoyo amplio de la Convención es imprescindible. Así pues, los Estados que son fieles a la universalidad, indivisibilidad e independencia de los derechos humanos, deben acelerar el proceso de firmar y ratificar este importante tratado que establece el derecho a la verdad y el derecho a no ser sometido a desaparición forzada. " A medida que la comunidad internacional conmemora el Día Internacional de los Desaparecidos, la ICAED se compromete a intensificar sus esfuerzos en los planos nacional, regional e internacional para concretar su mandato de hacer campaña para que las ratificaciones de Estados posible y garantizar la aplicación universal de la Convención.
Este año es el primero que la Organización de las Naciones Unidas (ONU), conmemora oficialment del Día Internacional de los Desaparecidos. En 2010, la ONU llamó a su sistema y otras organizaciones internacionales y regionales, así como la sociedad civil a celebrar el Día a partir de 2011. Reconociendo la magnitud global de la delincuencia como se reafirmó en los informes anuales del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU se une a las familias de los desaparecidos que han sido la conmemoración de este día desde hace ya casi tres décadas.
Firmado por:
MARY AILEEN D. BACALSO
Punto Focal, ICAED
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